Especial Mujeres (Impresa)
Tras un debate apasionado y caprichoso, el grupo de colaboradores de Arcadia escoge a las que considera las tres escritoras más importantes del país. La gran poeta (y también novelista), sin duda, es Piedad Bonnett. María Cristina Restrepo y Yolanda Reyes, las grandes narradoras.
Si a algún adulto algo de memoria le queda, que recuerde pues este nombre: Yolanda Reyes. Más que señores y señoras, es muy probable que los niños lo hayan escuchado y pronunciado infinitas veces; pues son ellos sus lectores habituales. Porque sépase que la bumanguesa Yolanda Reyes es la escritora de literatura infantil y juvenil más importante que tiene Colombia, sin ensombrecer desde luego el estupendo trabajo de autores como Celso Román, Evelio Rosero o Jairo Aníbal Niño.
Pedagoga infatigable, desde 1988 dirige la Fundación Espantapájaros, un proyecto cultural cuyo fin natural es hacer que los niños experimenten el poder de la creatividad. Estimulando la lectura, la Fundación convierte a los pequeños en protagonistas de sus propias vidas, para que sean más felices y más dueños de sí mismos.?En sus libros hay personajes soñadores pero también perversos y con pasados oscuros, o temas algo inusuales en el imaginario infantil como la muerte, la soledad o el hastío. El genio de la autora es representar a niños reales tocados por el fulgurante rayo de la fantasía. El terror de sexto “B” (1994) no solo le valió el premio Fundalectura, sino que fue seleccionado en la lista de Honor White Ravens de la Biblioteca de la Juventud en Münich, y es su obra más leída entre el público infantil. Luego siguieron los divertidos y sorprendentes María y los dinosaurios (1998), Los años terribles (2000), en el cual hay una mirada romántica e irónica de la adolescencia, Los agujeros negros (2000), que contó con el impulso de la Unicef, y Una cama para tres (2003), también incluida en la White Ravens.
Yolanda Reyes es también una brillante escritora para adultos. En Pasajera en tránsito, el mundo de la cultura letrada adquiere un gran peso al interior de la trama. Es la historia de María Fernanda, una estudiante colombiana de clase alta que a comienzos de 1982 viaja a Madrid para estudiar una especialización en Literatura. La novela cuenta el año de su estadía, su regreso a Colombia y aún unos meses después, cuando la protagonista se ha transformado en una adulta. En España, María conoce su independencia de la familia y se enamora de Gabriel. El lector asiste a ese enamoramiento mediado por la distancia pues él, trece años mayor que ella de veinte, es un viajero incesante.
Se trata de una novela de formación en la que su protagonista va comprendiendo y construyendo su mundo en la relación con los otros, todo esto con Cortázar, Paz, Sábato, Cela, Dante, Pessoa, como telón de fondo. María Fernanda adquiere su madurez en sus viajes por Europa y es su mundo interior, con su cartografía de desencuentros y efímeras felicidades, el que cambia. Es el personaje que se enfrenta por primera vez al dolor en un sentido trascendental; en palabras de la autora: “El dolor, que siempre es único, y siempre es un estreno para el que lo está viviendo”. No sólo el dolor del amor, sino el de las heridas políticas: las desapariciones de jóvenes argentinos y la insufrible zozobra de las Madres de la Plaza de Mayo, así como las consecuencias del Estatuto de Seguridad en Colombia.
Es, así mismo, una novela de viajes: una mujer que se desplaza, por la geografía y por el recuerdo, para encontrarse a sí misma. El título arrastra ya un algo de libertad, un mucho de movimiento. María Fernanda no es la viajera nostálgica, ni mucho menos la exiliada pesarosa, es una sagaz aprendiz de escritora que vive en el deleite de escribir y recibir cartas, esa condensación aquí de un ser que está en la lejanía.?Por las páginas de Pasajera en tránsito discurre todo un mundo que cree en la literatura no sólo como una producción social sino como la única redención imaginable. La palabra es el túnel que conduce hacia la penumbra interior, hacia la decepción triunfal del primer amor, primer amor que dura más de veinte años tatuado en la piel del recuerdo. Es la novela de una Yolanda Reyes madura, página tras página más consciente y feliz de cumplir con su vocación de narradora, dueña de una innegable versatilidad literaria, de quien el lector difícilmente se olvidará. |?
cvtp
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